Cocaína electrónica.


Fuente: The Telegraph.

La frase ha sido acuñada por el Dr. Peter Whybrow, un psiquiatra británico que dirige el Instituto Semel para la Neurociencia y Comportamiento Humano de la UCLA, para describir cómo la innovación digital es cada vez más inteligente a la explotación de los sistemas de nuestro cuerpo de recompensa natural.

“El ordenador es cocaína electrónica para mucha gente”, dice Whybrow. “Nuestros cerebros están diseñados para la búsqueda de una recompensa inmediata. Con la tecnología, la novedad es la recompensa. Esencialmente no convertimos en adictos a la novedad. “

No podemos parar porque nuestro cerebro no tiene incorporado el sistema de frenado.

Este “cerebro ejecutivo” regula el control de los impulsos y el razonamiento. Pero, señala Whybrow, “a pesar de nuestra inteligencia superior, seguimos siendo impulsados por nuestros deseos antiguos.”

La parte más primitiva de nuestro cerebro – la médula y el cerebelo – desde miles de años atrás, abriga las raíces de las antiguas vías de recompensa de dopamina. Cuando una acción tiene un buen resultado, como el robo de alimentos, o la búsqueda de algo nuevo, los neurotransmisores como la dopamina liberan sustancias químicas que nos hacen sentir placer.

Y cuanto más tenemos, más queremos. Cuando estos circuitos de recompensa están sobrecargados con casi continuos picos de dopamina, nuestra ansia por la recompensa “se convierte en un hambre que no tiene límites”, dice Whybrow.

La realidad es que estamos bajo presión para tomar decisiones que son malas para nosotros.

Así, por ejemplo, la emoción de adquirir cosas nuevas – incluyendo teléfonos inteligentes, cuya intromisión en nuestras vidas es a la vez impredecible e incesante – está produciendo una epidemia de ansiedad que Whybrow argumenta se encuentra cerca de la manía clínica.

Artículo original aquí.

Como profesor de secundaria de Informática, Tecnología, he podido constatar cómo la adicción se extiende e influye mucho en el comportamiento y sobre todo en los menores.

Se vuelven más agresivos, y tensos, con niveles de ansiedad altos. Son incapaces de parar y controlarse. Aprenden de nosotros los padres, que también somos incapaces de parar y controlarnos.

Debemos ser un ejemplo para los niños y comenzar a utilizar las herramientas de forma adecuada, para lo que sirven. No más.

Somos muy adictos al consumo. La tecnología y sus derivadas en la informática, nos absorben. Al mismo tiempo que la necesidad es creada, artificial e ilusoria, en ella misma está programada la obsolescencia del bien. No sólo es que nos infunden la “casi” obligación de comprar la golosina, sino que además, la golosina se estropea, o se hace más caro arreglarla que comprar una nueva.

Las golosinas que nos venden, son muy caras.

La renta per cápita de Haití en 2011 fue de 1.026 €/año. Un iPad con wifi y 3G de 64 Gb vale 800€. ¿Nos hemos vuelto locos?.

Además no hay tregua. No hay fin. Luego vendrá el iphone 5, luego el iPad 4, luego otra tablet, ordenadores más pequeños. Pero nuestro cerebro debe ser grande en miras. Debemos sobreponernos a la adicción, no sólo luchando contra ella misma, sino contra los “camellos” que nos crean la necesidad.

Soy de los que cree que deberíamos seguir leyendo libros de la biblioteca pública, apuntar los cumpleaños en la agenda quo-vadis y no perder el norte, si es que alguna vez lo hemos encontrado.

 

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